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El Líder Perpetuo

 

El 11 de agosto del 2002 una noticia cimbro las estructuras de la CROC de Nuevo León: La muerte de Don Agustín Serna Mendoza, pionero de los sindicatos del transporte, sindicalista cabal y luchador social de tiempo completo;  su partida dejo un vació entre los croquistas, pero su estirpe continua latente entre sus hijos y nietos que como él, abrazaron con pasión y entrega el quehacer sindical.


En este número Tiempo Nuevo rinde un modesto homenaje a este hombre que mucho hizo a lo largo de su vida para dejar bien plantados los cimientos de una central obrera pujante y poderosa. Su infancia, su vida y su obra aparecen aquí en una cápsula informativa al cumplirse seis años de su sensible fallecimiento.
A los cinco años de edad, Don Agustín Serna Mendoza solía escapar de su casa para rondar libremente las polvorientas calles de su natal Villa de Arista, San Luís Potosí. En una ocasión, su mama Doña  Luz  Mendoza, preocupada por el niño, contrató un diablo de pastorela para darle un escarmiento y corregir así su espíritu aventurero.


Al final, la estrategia fallo, el aprendiz de Lucifer toco la puerta de la familia, lacerado y sangrante para reclamar el pago de las curaciones, aquel infante precoz lo había tundido a pedradas.
“Yo era más diablo que el mismo diablo”, me comento en una ocasión Serna Mendoza, mientras saboreaba un suculento plato de cabrito en salsa en su mesa preferida del club El Papis donde religiosamente acudía a comer todos los días y a convivir con los amigos.


Transcurrieron 9 años de aquella anécdota infantil y en 1940 Don Agustín, agobiado por la situación económica que enfrentaba la familia, siendo apenas un adolescente de 14 años, tomo sus pocas pertenencias y decidió emigrar a Monterrey a probar mejor suerte.


En una ciudad completamente desconocida, alejado de sus raíces  y querencias, aquel  provinciano se abrió paso en la vida a base de mucho sufrir y sortear obstáculos impensables. A su llegada trabajó como ayudante de su hermano Osvaldo  en la Lechería “La Fronteriza” soportando jornadas de trabajo extenuantes, que iniciaban en la madrugada y concluían al pardear la tarde.
“Yo sufrí mucho de a madre, trabajaba de sol a sol, hasta que le  entre a la ruleteada, después me hice de unos ahorros compre un carro y empecé de taxista” me platico un día Don Agustín en una entrevista que le realice para la Revista Volante de la CROC.


Y así fue, “El Comal” como le decían sus amigos más allegados, anduvo en un tiempo de chofer en la Ruta de Camiones Urbanos Circunvalación, aquellos que corrían del Hospital Universitario hasta la Unión Ganadera


Más tarde en los años cincuentas, a bordo de un viejo Ford    se inicio como taxista en la vieja estación de ferrocarriles, sin imaginar que estaba así sembrando la semilla de lo que serian los poderosos sindicatos del transporte croquistas que ahora dirigen con mucha visión sus hijos, Agustín y Ramón Serna Servín.
El carácter aguerrido y audaz  que demostró desde su infancia y consolido en la juventud le dio un aura de líder natural, y en 1972 conforma la Coalición de Trabajadores del Volante y No Asalariados que como “una bola de nieve” creció y se convirtió en un sindicato de alcances locales y nacionales con una fuerza  real y avasalladora  dentro de la CROC.  


Así, al correr del tiempo aquel niño aventurero, después joven audaz, lechero y ruletero alcanzo a llegar a la más alta tribuna del pueblo: el Congreso del Estado. En 1973 Don Agustín Serna Mendoza es diputado local  en la época del gobernador Pedro Zorrilla. Era dirigente de la CROC en el estado, Eleazar Ruiz Cerda.
Seis años después,  en el sexenio de Alfonso Martínez Domínguez  regresa a la actividad legislativa, desde donde da continuidad al proyecto del transporte y realiza una intensa labor social en beneficio de los croquistas de Nuevo León. Antes durante la administración  del ex alcalde de Monterrey, Gerardo Torres Díaz (1967-1969) había ocupado una regiduría.
Muchas anécdotas dan cuentan de la pasión y la entrega que  Don Agustín le imprimía a sus acciones por defender a su gente; dicen que de madrugada se le veía con frecuencia en pantuflas y ropa de dormir en la barandilla de alguna corporación policíaca defendiendo a sus representados.
“Yo era muy aguerrido, les hacia manifestaciones a las autoridades en la mera puerta de las dependencias cuando abusaban de los compañeros”, me  platicó en una ocasión Don Agustín quien tenía una pasión por los caballos sobre todo por “El Rebelde”, un alazán  por el que siempre sintió un aprecio especial hasta el día en que el penco murió.


Alguien me relato que siendo diputado Don Agustín callo detenido Antonio Gloria al acudir a rescatarlo lo encontró esposado en una silla con las manos por la espalda y antes de preguntarle sobre su situación Serna Mendoza le dijo consternado: “A que no sabes que Toño, se me murió El Rebelde”, “saquéeme de aqui por el amor de Dios”, alcanzó a decir el preso.


Así fue la vida de este personaje que hasta el último momento llevo la camiseta de la CROC bien puesta, de carácter indomable, leal con los amigos, sensible y humanitario su legado quedo para la historia en la CROC de Nuevo León, sus hijos y sus nietos, fiel a su memoria, continúan la lucha que inicio en el sindicalismo croquista.


Recuerdo haberle preguntado un día: “¿Don Agustín que mensaje le deja a sus hijos que como Agustín y Ramón abrazaron el quehacer sindical?”… entonces reflexiono por un momento, una lagrima furtiva asomo por sus ojos y respondió sin titubeos. “Que sigan trabajando por el bien de los trabajadores, que no se dejen, que se cuiden y que Dios los bendiga”.
En memoria de Don Agustín Serna Mendoza.