Uno de los meses que más me agrada es Septiembre, son fiestas patrias, las banderas, los desfiles, los recuerdos de la marcha del silencio en 68, los días interminables de pachangas que muestran el folclore nacional y cuando menos hacen surgir los gritos de Viva México y todo se muestra con ese nacionalismo que nos encanta a los mexicanos. También, es mes de magia y de valor, de emoción y de alegría, en este mes, cumple años Tania el día 8 de Septiembre, Karisma Akal el 14 y yo el día 13.
Sin duda pues, es un mes brillante, pero por supuesto que ahora me encanta más porque lo puedo ver a lo largo de cuarenta años de vida nueva, de recuerdos, de ver como algunos resentidos, iluminados, dogmáticos y perversos del 68, murieron a los veinte y, seguramente, no tardan en ser sepultados. Durante cuarenta años no han logrado superar la frustración, el resentimiento, los odios, las amarguras y se han construido una serie de mitos a lo largo del 68 que, ahora, fácilmente se los creen hasta los que sin vivir aquellos momentos, se han construido sus sueños guajiros y se viven pensando en esas amarguras, dolores, resentimiento y frustraciones, como para recrear el martirologio que les llevaría a la “salvación eterna”. Por medio del dolor y de la amargura, creen, en su propia salvación, cuando en verdad, solamente han muerto y falta enterrarles
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En fin, sus miedos, se han convertido en palabras huecas y en violentos resentimientos, que nos muestran que se quedaron enanos, siempre lo han sido, pero tuvieron la oportunidad de crecer y prefirieron ahogarse en ese violento engaño que sufrimos todos y que, en algunos casos, nos llevó a la muerte, al encierro en Lecumberri durante dos años ocho meses, a los campos de la Defensa Nacional donde nos dieron la madriza del año, a la persecución, al terror, al miedo, al destierro, solamente, porque tuvimos, como jóvenes, un sueño, y queríamos cambiar lo que en esas formas y métodos era imposible cambiar de una dictablanda que soportaba aún, los embates de las mayorías y sostenía, como sostiene ahora, a los grupos del poder, del verdadero poder, que son los que imponen y no negocian. No tienen necesidad de negociar, no están en peligro de vida, los que pueden perder la vida son las mayorías que demandan esa negociación, sin tener más armas que la razón, la justicia y su palabra, pero eso no cuenta para el poder, el verdadero poder, impone y, por ello, goza de la complicidad de los grupos armados, de las policías políticas y de los grupos de poder que son los que manejan los esquemas reales de seguridad o inseguridad, los que hacen que se pueda vivir en tranquilidad o bien, sometidos, como se pretende someternos ahora, por medio del cuento de la lucha contra la seguridad, imponiendo un estado de excepción, donde los grupos armados del gobierno gocen de todas las garantías e impunidades que puedan violar cualquier otra garantía civil o constitucional, por ello, la violencia represiva del estado, es lo que mejor saben imponer, los verdaderos miembros del poder en el gobierno y, donde los policías políticos, ahora, son invitados de primer nivel, si no, lo pueden preguntar a Roberto Campa Ciprián que no duró mucho tiempo en su importante puesto, sobre todo, cuando pretendió limitar el inmenso poder y la impunidad del Secretario de Seguridad Pública Federal , sabiendo que, a esas alturas, matan, mejor renuncia y se va a su casa. Amparado por la fuerza política de la maestra Elba Esther Gordillo.
Ahora, vemos ya las garras del poder real, el poder de los grupos paramilitares y de las policías políticas en el país, de tal forma que, pronto, veremos los asesinatos, atentados y secuestros de importantes personajes de la vida política, intelectual, financiera, industrial, comercial o paramilitar que sean considerados por ese grupo del poder, como posibles elementos que generen problemas o conflictos o bien, sean líderes que generen o encabecen las protestas públicas, porque después de este violento gasolinazo, después de los momentos de distracción política que nos dieron en el espectáculo de la marcha en contra de la violencia, violentamente, impunemente, nos entierran el cuchillo del aumento del precio de los combustibles, con lo que generará una escalada de aumentos, que lesionen la economía y el nivel y calidad de vida de las mayorías, los pobres y clasemedieros, del país.
Ya lo veníamos diciendo que, el aumento de las tropas en las policías políticas, el aumento descarado de presupuestos despilfarrados que llegan para el enriquecimiento de comandantes, jefes y funcionarios, el aumento de compra de equipo, vehículos y armas, no estaba destinado a proteger a la sociedad de la inseguridad, sino a proteger al gobierno y a la clase en el poder, para que las acciones de protesta y de reclamos de las mayorías, sean fácilmente aplastadas, tal como se dieron en el conflicto magisterial, en el movimiento médico, en el del transporte, en el del politécnico o en el 68. El aumento de las fuerzas federales, no es para proteger a los ciudadanos, es para proteger los intereses de la clase en el poder, de sus miembros, de sus financieros, de los banqueros, de los industriales, comerciantes, funcionarios y políticos, que son los que deben protegerse, realmente, de la ira y del odio que han generado en el pueblo mexicano, cuando vemos que todos los recursos son entregados a los grupos extranjeros y que no son capaces de protestar, ante los norteamericanos, cuando nuestros “expulsados por el hambre”, los indocumentados, son violentados, expulsados, encarcelados, asesinados o bien, los cientos de mexicanos que también, expulsados por el hambre en nuestro país, son asesinados, explotados, engañados y reprimidos, cuando intentan pasar la franja fronteriza y, así, los vemos que, en vez de acudir a resolver los problemas de las mayorías, nos hablan de secuestros y violencias, que afecta a los ricos, a los pudientes, a los miembros de esa clase en el poder, la que ellos protegen o deben proteger, a pesar de que no hacen nada para proteger a la mayoría de los mexicanos, al contrario, se preparan para realizar las acciones de represión o de limpieza y eliminación de cuadros que puedan encabezar esas protestas populares y, con ello, eliminar el poder y sacar del pode a este grupos de políticos que no saben que hacer con el poder, y se limitan a dar espectáculos en bicicleta, para romperse los hombros y las piernas en sus caídas, en los días de diversión que ellos, los del poder, efectivamente gozan, como ahora gozan con este aumento de precios en los combustibles, a pesar de que hace semanas, nos engañaban, diciendo que existía un compromiso con algunos comerciantes de artículos populares, para que no se aumentaran los precios en los productos de primera necesidad, y para ver el engaño, solo vaya a un supermercado, para ver que no hay productos en exhibición y se está reetiquetando el precio, de los demás productos.
El desempleo, la inflación, la marginación, la discriminación, el analfabetismo, el hambre, la insalubridad, la violencia en contra de las mayorías, la criminalización a los grupos marginados, nos dan la idea de que la “seguridad” no es lo vital, diariamente lo vivimos millones de seres humanos que somos asaltados por delincuentes y policías, por funcionarios públicos, por burócratas, por soldados, diariamente somos asaltados, secuestrados o asesinados en las calles, en los vehículos particulares, en el servicio público, en los bancos, en los cajeros automáticos, en los impuestos de los burócratas, en los funcionarios y en los políticos, además de la violencia que recibimos todos los días con la protección e impunidad de la que gozan los policías políticos y los grupos especiales de soldados que pueden realizar, todas las fechorías, como en los mejores años de existencia de la DFS. En fin, la verdadera violencia, la resistimos todos los días los miembros de “infeliciaje nacional”, los pobres, los desempleados, los analfabetos, los marginados, los “expulsados por el hambre” que viajamos en busca de empleo o de un lugar más seguro, mientras la protección real, solamente la gozan los políticos, los funcionarios, los empresarios, los financieros, los industriales, comerciantes y miembros de las fuerzas armadas de primer nivel y, sobre todo, los policías políticos… esta es la realidad, lo demás, son cuentos de policías y ladrones… como siempre.
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